El área de Urgencias del Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS) vuelve a mostrar una imagen preocupante: salas repletas de enfermos, pasillos sin espacio y pacientes que deben pasar horas sentados en sillas de ruedas o recostados en camillas improvisadas a la espera de una cama libre.
Aunque los familiares destacan la vocación y empatía de médicos y enfermeros, aseguran que la demanda superó completamente la capacidad del personal sanitario. A esta saturación estructural se le suma un problema histórico que castiga con dureza el bolsillo de los asegurados: el desabastecimiento de insumos básicos y medicamentos de primera necesidad.
Historias como la de Gladys Quintana reflejan el calvario cotidiano. Su padre lleva tres meses internado por complicaciones de diabetes y, entre hilos quirúrgicos, dipirona, antibióticos como la vancomicina y otros remedios indispensables, la familia ya gastó entre 6 y 7 millones de guaraníes. A la agonía financiera se sumó la espera institucional: aguardaron dos meses solo para que se le realizara una amputación programada en los dedos del pie. Otro familiar relató que acudió de madrugada por un cuadro de mareos y, tras diez horas de espera, su padre continuaba sentado en una silla de ruedas sin ser atendido.
Desde la dirección médica del hospital reconocen la sobrecarga, pero argumentan que la premisa es no rechazar a ningún paciente. Según explicaron las autoridades, el área de emergencias cuenta con 122 camas habilitadas, pero la demanda de los fines de semana o etapas de transición epidémica dispara la cifra hasta 180 pacientes en simultáneo. Esto obliga a habilitar salas extraordinarias donde el mismo personal debe dividirse para cubrir la alta demanda. Respecto a los remedios, las autoridades sostienen que el stock se está regularizando progresivamente, aunque admiten que existen faltantes puntuales que se agotan en cuestión de días debido al enorme flujo de personas.

Fuente: Ultima Hora


