En medio del mayúsculo escándalo ueno bank, que sacudió al país y está posibilitando un juicio político al propio presidente Santiago Peña para su destitución, pero no podemos perder de vista a Óscar Orué, titular de la DNIT, cuya actuación institucional también merece ser examinada.

Su nombre aparece mencionado en los cuestionamientos sobre el caso “Sobres del Poder”, pues, particularmente, inquietantes son las referencias a visitas reiteradas en horarios que, según las denuncias que nunca fueron investigadas, no coincidían con los habituales encuentros protocolares de otras altas autoridades.
¿A qué respondían esas visitas? ¿Por qué en esos horarios? ¿Con quién se reunía y qué asuntos se trataban?
No son preguntas menores cuando hablamos del responsable de una institución, históricamente cuestionada por su presunta utilización como mecanismo de recaudación política.
Tampoco puede omitirse el examen de las actuaciones de la DNIT dentro de sus competencias; en el caso Ueno Bank y el de la familia Peña, que incluso se demostró, facturaban a nombre de otras personas sus compras millonarias, que contrastaban con los rigurosos controles tributarios a comerciantes, mecánicos, despensas de barrios y hasta yuyeros.
Obviamente, las visitas, por sí solas, no prueban irregularidades, pero los señalamientos exigen explicaciones verificables, no silencios ni privilegios.
¡LA TRANSPARENCIA NO PUEDE TERMINAR DONDE COMIENZA LA CERCANÍA AL PODER!
Si pretendemos esclarecer todo el circuito de responsabilidades, debemos investigar con la misma rigurosidad a cada actor involucrado, sin excepciones ni protegidos.


