Dicen que el paraguayo no le teme a nada, pero lo que pasó en el kilómetro 47 de Ypacaraí, en la temida zona de Pedrozo, ya roza los límites de la ciencia ficción.
Resulta que durante los trabajos de excavación para la construcción del nuevo viaducto, los obreros desenterraron nada más y nada menos que dos granadas de mortero con carga viva y listas para el desastre.
Cualquiera con un gramo de sentido común hubiera salido corriendo o llamado al 911 a la velocidad de la luz, pero un vecino de la zona decidió que esos dos recuerditos bélicos quedaban mejor como adorno de interiores. Sin dudarlo un segundo, se llevó los explosivos a su casa: a uno lo puso a «refrescarse» en un balde con agua y al otro lo plantó de adorno en una maceta en pleno jardín. Aparentemente, cuando el entusiasta de la botánica extrema cayó en la cuenta de que sus nuevos accesorios de jardinería podian volar a media manzana por los aires, le entró la cordura y corrió a la comisaría a pedir auxilio.

Los expertos explosivistas de la FOPE tuvieron que desplegar un operativo de urgencia para retirar los artefactos con pinzas de la vivienda y evitar lo que rozó una verdadera tragedia. Como dato no menor, este «decorativo» episodio se suma al hallazgo de otra granada de la época de las viejas revoluciones encontrado apenas dos días antes en el Comité Olímpico Paraguayo. Definitivamente, la jardinería en Paraguay se volvió un deporte de alto riesgo.
Fuente: ABCDigital



