TRAGEDIA EN LA COMUNIDAD CERRITO: LA NOCHE EN QUE EL HORROR SILENCIÓ A UNA NIÑA DE CINCO AÑOS

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La noche transcurría entre la calma de la oscuridad y los murmullos de la comunidad indígena Cerrito, en el distrito de Abaí. En una humilde vivienda del departamento de Caazapá, una pequeña de tan solo cinco años dormía plácidamente, protegida únicamente por la fragilidad de un hogar que debió ser su refugio más seguro.

Su madre había salido por un momento para ir a buscar a otro de sus hijos, un adolescente que se encontraba en una fiesta de cumpleaños cercana. Mientras tanto, en las afueras de la casa, entre sombras y tragos de alcohol, se quedaban conversando el hermano mayor de la niña junto a un amigo.

Nadie imaginó que la ausencia materna abriría la puerta a una tragedia irreparable. Al regresar a la vivienda, la madre se encontró de golpe con la peor de las pesadillas. El silencio de la habitación ocultaba una escena estremecedora que destrozó de inmediato la paz de toda la comunidad. Desesperada, la mujer buscó ayuda y denunció el hecho ante la Policía Nacional, movilizando a los agentes de la Comisaría 10.ª de Abaí, quienes acudieron de urgencia para intentar descifrar lo ocurrido.

El diagnóstico preliminar del médico forense confirmó las sospechas más escalofriantes: la niña había sido víctima de abuso sexual y posteriormente sofocada hasta la muerte por asfixia mecánica. Para asegurar cada prueba e investigar el caso con rigor absoluto, la Fiscalía dispuso el traslado del cuerpo a la morgue judicial en Asunción, donde se programaron estudios minuciosos y análisis de ADN destinados a confrontar las muestras de la pequeña con las de los sospechosos.

Las sospechas de los investigadores cayeron rápidamente sobre las dos personas que estaban en el lugar antes del crimen. Tanto el hermano de la pequeña como su amigo fueron detenidos e imputados por el Ministerio Público, que solicitó la prisión preventiva para ambos. Actitudes esquivas y comportamientos inusuales, como el apuro del hermano por bañarse a primera hora y entregar ropa limpia, encendieron las alarmas del fiscal a cargo, quien además analiza de cerca los relatos de los vecinos y líderes comunitarios para reconstruir paso a paso cada minuto de esa fatídica jornada.

 La partida de una niña tan inocente deja una herida profunda en la comunidad indígena Cerrito y en todo el país, que observa con dolor el avance de la justicia en busca de respuestas para un crimen que jamás debió suceder. 

Imagen ilustrativa

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